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Ro. Zanón Design ® // Update: Rayco T. - Centro Cuerpo y Mente 2018

Emplear ventosas para extraer mediante succión el espíritu responsable de que el organismo se encuentre enfermo, es una práctica ancestral que se remonta a más de tres siglos antes de Cristo. Así, existen pruebas del uso de las ventosas con fines médicos en Mesopotamia (3.300 a.C.), en el antiguo Egipto (2.200 a.C.), e incluso en la India (1.500 a.C.). Esta práctica también se extendió a Grecia, donde Hipócrates (400 a.C.) dejó indicaciones sobre su uso, así como a los países árabes y a China.

La terapia con ventosas también se denomina con el término inglés cupping, que deriva de ‘cup’ que en inglés significa taza, y consiste en aplicar ventosas –normalmente elaboradas con cristal o plástico– sobre el cuerpo del paciente, y hacer con ellas un efecto de vacío mediante el que la ventosa se adhiere al cuerpo y succiona la piel y parte del músculo, abriendo los poros y estimulando la circulación sanguínea y linfática.

Los partidarios del cupping consideran también que es el mejor método para abrir los meridianos del cuerpo, que son los conductos a través de los cuales fluye la energía, por lo que esta terapia alternativa funciona de forma similar a la acupuntura.

Los detractores de esta técnica señalan que no existen evidencias científicas que avalen sus supuestos beneficios para la salud, y que las mejorías experimentadas por algunos paciente podrían deberse al ‘efecto placebo’. Por el contrario, un estudio publicado el año pasado en PloS ONE basado en un revisión de 135 estudios realizados entre 1992 y 2010 concluía que combinar el cupping con otros tratamientos o fármacos conseguía mejorar afecciones como el acné, el herpes zoster o la espondilosis cervical.